Temblaba

by Lina – March 22, 2002

Era un día bello en la primavera y estaba almorzando con mi novio, Miguel. Estábamos en mi restaurante favorito esperando la comida y conversando sobre que íbamos hacer durante el fin de semana. De pronto, Miguel se puso muy serio y callado. Yo sabía que tenía algo importante que decirme. Siempre se le ponían los ojos como para llorar cuando tenía algo importante que decir. En ese momento, era como si todo se estuviera moviendo más despacio, como si el mundo fuera a parar de girar. El ruido de la mujer de al lado que estaba golpeando en la mesa con el tenedor rápidamente, se retardaba al ritmo de los latidos del corazón. Pensé en las millones de cosas que pudiera decirme: que había perdido su trabajo, que quería romper relaciones, que había estado con otra mujer, o quizás con un hombre. Pensé las cosas horribles que pudiera decirme, menos lo que me dijo. Me dijo que le había pedido a mi papá mi mano.

Quería que yo fuera su esposa.

Y así todo empezó a moverse más rápido y era como si de pronto alguien hubiera subido el volumen. Podía oír gente en el otro lado del restaurante masticando su comida, el ruido de un cuchillo raspando un plato, y el estruendo de un mecero al que se le cayó una bandeja. Sentía como si la bulla hiciera las paredes temblar. No podía concentrarme. Sentía que iba a vomitar. Me paré y corrí hacia el baño. Tenía mareos y todo se había oscurecido. Me había desmayado arriba de los vasos y platos rotos. Me quedé allí en la oscurida, oyendo voces que se hiceron cada vez más distantes. “ Ay Dios, ¿qué pasó? Despiértate...”

Estaba sintiéndome mal y por eso estaba dormida cuando llegó la hora de comer. Mi madre me despertó y me preguntó por qué estaba durmiendo el mediodía. Le expliqué que tenía dolor de estómago. Se sonrió y me dijo que estaba convirtiéndome en una mujer. No quería ser una mujer. Las mujeres no podían jugar y no podría estar con mis amigas otra vez. Se mandaban a algunas de las mujeres a vivir con los españoles. Yo no quería irme de mi casita. En eso, entró mi papá y mi mamá le dijo que casi era una mujer. Mi papá se puso serio. Puso la cara que siempre ponía cuando tenía algo importante que decirme. Supe qué iba a decir y las manos me temblaban mucho.

Quería que yo me fuera a vivir con los españoles.

Me desperté de pronto, empapada en sudor. Estaba en un hospital. “Hubo un terremoto,” me dijo Miguel, “solamente tienes unas cortadas de los cristales rotos pero los doctores están precupados porque tu nivel de azúcar sanguíneo está muy bajo”. Tenía que quedarme en el hospital por la noche. Miguel vio que estaba temblando y le dije que tuve una pesadilla. Me preguntó si queria que se quedara conmigo y le dije que no y que hablaríamos mañana. Una enfermera vino y me cambió el suero. No sé si era el efecto de alguna medicina que me dieron pero tenía mucho sueño. Para no tener otra pesadilla, pensé en cosas que me hacen feliz.



Era el primero de abril, exactamente dos años desde el día que llegamos al planeta Zoilyn. Recientamente descubierto, este planeta tiene una atmósfera que es indispensable para la vida humana. La población de la Tierra estaba creciendo rápidamente. Puesto que no había suficiente tierra para apoyar a la población, tuvimos que explorar este planeta nuevo. Había dos problemas: la población indígena y varias enfermedades extrañas a las cuales los de la Tierra no eran inmunes. Los científicos en nuestro grupo habían hecho una investigación extensa en los genes de la gente indígena para encontrar la causa de su inmunidad. Encontraron que la única manera de pasar la inmunidad era la recombinación genética.

Por eso, en este momento estaba enfrentada con un varón indígena. Esto no era correcto, pero el grupo me había seleccionado y esa era mi obligación. Habían entrenado a la población indígena. Este varón que estaba parado delante de mí, fue mandado aqui con órdenes y yo sabía que él las obedecería. Sin embargo vi el miedo en sus ojos y cómo temblada. Yo quería estar en cualquier otro lugar menos éste. Me pellizqué para ver si soñaba. Pensé en estar en la cama del hospital, en Miguel e intenté despertar. Entonces me di cuenta que Miguel era sólo parte de un sueño. La idea del terremoto debía haber entrado en mi sueño cuando la nave espacial fue lanzada. Andaba teniendo estos sueños del pasado desde que llegé. De la niñita que se tenía que ir a vivir con los españoles. El pasado se repetirá;. éramos los conquistadores nuevos, decidiendo por otros cómo serán sus vidas.

- ¿Hablas CRACK?

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